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Entradas

Qué sabrosa CocaCola

Hoy fui a la tienda a comprar tortillas y frijol para desayunar y como siempre, (y a pesar de un oxxo enfrente) la tiendita estaba llena de gente, tres personas antes de mí en la fila, y unas dos tres saliendo cuando entré. ¿Qué tenían todas en común? Una coca cola. Todos llevaban una. Ninguno, obviamente, llevaba una lata, o una de 600 ml, sino grandes, de uno, dos y tres litros. Todos llevaban su cocona para el desayuno familiar. Pero seguro no será sólo para el desayuno. De hecho, a la hora que sea que uno llegue a cualquier tienda, hay alguien comprando una, y a mediodía en las calles de los barrios, lo que se ve frecuentemente son niños (algunos osados, descalzos en el pavimento ardiente) cruzando la calle con una coca de dos litros para la comida. ¿Por qué se toma tanta coca? Porque es rica, helada y dulcísima. ¿Nos hace bien tomar tantos litros de coca? Seguro que no. ¿Nos importa eso? Seguro que no. El placer de la vida no siempre es inocuo, pero vale la pena aceptar las...

Documentales

Me gustan mucho los documentales, sobre todo de animales. Por lo general, estas películas se enfocan a animales salvajes o en peligro de extinción, para concientizar a las personas sobre la importancia de cuidarlos a ellos y a su medio ambiente. He visto muchos, y casi todos sobre los mismos: ballenas, felinos, tortugas. Me gusta, pero a la vez, me preocupa y molesta un poco, porque no recuerdo haber visto documentales sobre animales de granja. Yo sé que esas especies no peligran, por el hecho de ser "producidas" por el hombre. Eso es lo que me molesta. Le enseñamos a la gente que unos animales son importantes para el planeta y otros de segunda. Les mandamos el mensaje que unos son dignos de admirarse, de estudiarse, los enseñamos a sentir empatía hacia ellos, mientras que los otros se convierten en objetos, en comida, como si no valieran más que el precio por kilo que les dan en el súper. Si yo fuera cineasta haría un documental con animales de granja para mostrar que ...

Resistir

No soy una activista activa. Estoy ligeramente empapada de lo que ocurre en mi país. No soy lo que se dice una persona que lea los diarios o que esté totalmente atenta al twitter. No me conozco los preceptos de la izquierda, ni tengo la teoría. Pero vivo en México, tengo una familia trabajadora y honrada y me enseñaron a que nada, nada, se consigue gratis (aunque he tenido mucha suerte en mi vida). Desde el 2006 comprendí que nuestro país son en realidad dos: el que vemos en la tele, de oportunidades y logros, de telenovelas y noticieros falsos, y el otro: el México de la gente común, de la mayoría, en el que la libertad es sólo aparente. La libertad de ser, de decidir, de consumir, de creer, es limitada, aunque te hagan creer que no es así. Ante la injusticia, el caos, el cinismo y la apatía, sólo se puede intentar resistir, unidos, y también cada uno, desde su propia casa, desde su propia persona. En mi caso, se reaviva mi deseo de no dejarme absorber, contagiar, de todo eso...

133 y 134

133 y 134 Él estaba tirado en el pasto, revisando el Twitter en su Mac. Llevaba  una playera Abercrombie, jeans Diesel y tenis Lacoste. Levantó la vista, apenas, y vio pararse enfrente a una chica: morena, pelo negro azulado, rapada del  lado derecho, piercing en el labio, expansiones en ambas orejas, tatuajes en los brazos, el cuello y sabrá dios si debajo de la playera negra. Tecleaba en el celular con una mano mientras con la otra intentaba sacar un cigarro de la cajetilla. Los Marlboro cayeron al piso, cerca de él, y éste se apresuró a levantarlos. -¿Me regalas uno? -Simón, toma. -Gracias. Permíteme- dijo, y sacó su encendedor para prender los dos cigarros. Volvió cada uno a lo suyo. Más tarde, entre la multitud, por obra de la casualidad –o del destino- se volvieron a encontrar. Ella estaba acompañada de sus amigos, él igual. Llevaban pancartas y gritaban. Ella se había anudado la playera por arriba del ombligo, dejando ver otro piercing. Él se preg...

Vanidad

Ayer vi un video, porque en twitter leí que era un hit, y como me encanta andar detrás de los videos virales, pues ahí voy. Se trata de una chica mostrando su rutina de maquillaje para cubrir el acné -bastante agudo- que la aqueja. La verdad, es sorprendente, maravilloso, lo que pueden hacer unos productos. En mi experiencia, jamás he podido lograr un efecto así, en primera, porque JAMÁS gastaría tanto dinero en cosméticos, y en segunda, porque cuando me he maquillado he estado tan incómoda que prefiero hacerlo sólo en ocasiones muy especiales.  Pues la chica se transforma y a pesar de todo lo que se pone, le queda un look muy natural (tiene mucho futuro como maquillista, ni dudarlo), pero me surgen varios cuestionamientos: No sé qué edad tendrá la chica, pero  ¿cuánto tiempo llevará haciendo lo mismo? ¿No será peor para su piel tener todo el tiempo una máscara? ¿Se desmaquillará todas las noches, aún llegando cansada o enfiestada? Si esconde su piel de esa manera, ¿sa...

El país del casi, casi

Hoy anunciaron que la asamblea legislativa del Distrito Federal decidió no continuar (por el momento) con la propuesta de prohibir las corridas de toros en el DF. La noticia no me sorprende, era de esperarse que la gente involucrada en el negocio taurino (que es menos) pesara más que toda la gente que repudia este espectáculo salvaje. Pero como yo no puedo empezar el día sin hacer mi corajito (lo siento, no sería yo misma si no los hiciera) ya hice bilis hoy con brozo, el payaso conductor que en lo particular me cae mal, por creerse el intelectual, el inquisidor y el periodista de las causas nobles (cuando sólo es un empleado más de televisa). Al hablar sobre la noticia apoyó la decisión de congelar el tema en la asamblea, porque "hay cosas más importantes de qué preocuparse", y bueno, sí y no: los legisladores deberían atender TODOS los asuntos, que para eso les pagan rebien. ¿Qué hacen todo el año, si no es rascarse la panza y gastarse dinerales que son de nosotros?  Cl...

En el corazón

Mi abuelo fue a la segunda guerra mundial con el H. Escuadrón 201, y yo no he desperdiciado la oportunidad de contárselo a quien he podido. Muchos lo conocieron por eso, y por supuesto que siempre he sentido mucho orgullo, pero la verdad es que los recuerdos que tengo de mi abuelo, los más fuertes, no son del ejército. De hecho, a mí no me tocó verlo como militar. Los recuerdos que tengo de él son más familiares: mi abuelo, en su taller, reparando televisiones, rodeado de ellas.  Ahí estaba, sentado en un banco café y yo, por ahí jugando con un flyback como estetoscopio, o condensadores como accesorios de barbies. Recuerdo el sonido que hacía el cautín caliente al contacto con la esponja mojada, y el ruido blanco de los aparatos prendidos; los espejos que usaba para ver las pantallas, la lupa, el alambre de soldadura que yo cortaba con los dientes; yo, metida entre las patas de un banco de madera, viéndolo armar y desarmar... No necesitaba un tatuaje para tenerlo presente, p...