miércoles, 30 de junio de 2010

Regresar a la rutina es magnífico


Soy una animalita de costumbres. Me gusta la rutina: comer a cierta hora, llevar al crío al Tae Kwon Do, escribir, hacer alguna cosilla manual o cocinar, ver la tele un rato, acostarme...

Las pasadas dos semanas estuvieron de locura con el asunto del Encuentro de Contracultura, que, por cierto, fue todo un éxito, y del cual aprendí muchas cosas. Rescato algunas de ellas:
1.- Nunca se esta solo, ni se es único ni indivisible (me gusta cómo suenan esas dos palabras).
2.- Un colectivo se forma por afinidad de ideas, de oficios, de intenciones, pero es todavía mejor cuando se forma para realizar un evento específico: así se sabe en la práctica quién trabaja y quien no. Es muy fácil decir "Sí, yo quiero estar en el colectivo" y a la hora del rebane no aparecerte.
3.- Es muy gratificante y esperanzador encontrar personas que no buscan beneficio económico en lo que hacen.
4.- Es divertido ver que nos hemos convertido en adultos. Las reuniones, que de por sí eran entretenidas, tenían un toque de humor extra con los hijos de algunos de nosotros jugando.
5.- Creo que muchos necesitábamos un respiro, algo diferente. Los eventos culturales se habían vuelto solemnemente aburridos. Tal vez por eso los cuatro días tuvimos lleno total.

No somos los únicos, ni los primeros, ni descubrimos el hilo negro de la contracultura, pero nos divertimos y logramos los objetivos que nos propusimos al planearlo. Gracias a todos!

miércoles, 16 de junio de 2010

1er Encuentro de Contracultura La Paz

Nuestro amigo Roly nos invitó a organizar un encuentro de contracultura y le dijimos que sí, sin saber muy bien cómo iba a estar el show. Convocamos a algunos amigos, y esos amigos invitaron a unos cuantos más que no conocíamos, y se formó un comité organizador que ha realizado ocho sesiones. Los lunes de cada semana nos hemos reunido, prácticamente todos, en el Centro Social Otro Mundo. Cada miembro del comité tiene vida personal, lo juro, un trabajo, familia o vaya usted a saber, pero los lunes han sido sagrados y nos juntamos a cerrar detalles y unificar criterios. Todavía no llega la fecha, pero yo siento que ya se cumplió con uno de los objetivos, que es reunir a personas que estamos trabajando proyectos independientes, con ideas similares.
Un gusto convivir con la comunidad del anillo (me ha salido lo sentimental de nuevo).

para conocer el programa y los participantes, vengan acá: 1er Encuentro de Contracultura La Paz

domingo, 13 de junio de 2010

De futbol, mundiales y sándwiches

Por fin empezó el mundial. Digo por fin, no porque lo esperara con ansias, sino que vengo viéndolo anunciado desde hace meses. No me malentiendan: me gusta el futbol, lo jugué (mal, por cierto) en la prepa, y teníamos entrenador y todo, y aprendí las reglas y todo, pero me enferma toda la mercadotecnia y lo que ocurre alrededor del juego.
Los 90 minutos que dura cada partido son emocionantes. Ver a los jugadores, con sus uniformes... bueno, esa es otra historia. Me gusta el futbol, lo disfruto, pero la televisión hace que lo aborrezca.
Ver a la selección mexicana (que siendo sinceros, no es taaaan buena como nos lo hacen creer) anunciando pan, refrescos, programas, etc. tiene, para mí, el efecto contrario a lo que deseean. Que les funciona con mucha gente, es inegable. Mi hijo habla del Chicharito como si fueran compas de toda la vida y ni siquiera le gusta el futbol. Ni hablar del comercial que hicieron con Aguirre...
Veré los partidos del mundial, los de México y los que pueda, y haré corajes porque mi marido sea capaz de vestir a Dante e ir a botarlo a la escuela tempranísimo con tal de llegar a la oficina con la televisión e instalarla.
Y también haré corajes porque me van a quitar programas por meter los resúmenes mundialistas. 
Y no usaré camiseta de la selección porque no tengo ni pienso comprar.
Pero me deleitaré viendo a Canavaro, Vela, Henry, y otros más cuyos nombres son lo de menos.

martes, 1 de junio de 2010

Cuento corto

Este era un gato con los pies de trapo y los ojos como los de mi abuela, azules plomizos, casi grises, que le daban un toque de misterio cuando daba vueltas por la plaza, con otras jóvenes, despertando pasiones entre los caballeros que las pretendían. Pero mi abuela no era fácil de conquistar, porque se sabía encantadora. Buscaba su príncipe azul, y estaba segura de que sabría identificarlo cuando lo tuviera enfrente. Por eso mi abuelo, aquel que de joven era mucho más alto que hoy, no necesitó hacer demasiado para ganar su cariño. Se paró frente a ella y sonriendo apenado le ofreció un ramo de margaritas. Ella lo aceptó y se enamoró al instante, al notar que llevaba la camisa al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

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