Este era un gato con los pies de trapo y los ojos como los de mi abuela, azules plomizos, casi grises, que le daban un toque de misterio cuando daba vueltas por la plaza, con otras jóvenes, despertando pasiones entre los caballeros que las pretendían. Pero mi abuela no era fácil de conquistar, porque se sabía encantadora. Buscaba su príncipe azul, y estaba segura de que sabría identificarlo cuando lo tuviera enfrente. Por eso mi abuelo, aquel que de joven era mucho más alto que hoy, no necesitó hacer demasiado para ganar su cariño. Se paró frente a ella y sonriendo apenado le ofreció un ramo de margaritas. Ella lo aceptó y se enamoró al instante, al notar que llevaba la camisa al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
Después de haber probado una súper deliciosa pizza vegana con queso de papa en un bar, me quedé con las ganas de hacer el queso en mi casa y ver con qué más podía comerlo. Pues anoche lo hice y me gustó mucho. Hay varias recetas en internet, basta con googlearlo, pero aquí les dejo cómo lo hice yo. Les debo las cantidades exactas, porque, como siempre y como todo, lo hice probando y arreglando. pero básicamente fue así: -3 papas grandes, peladas y rebanadas para que se cocieran más rápido. Si hubiera tenido menos hambre las habría hecho al vapor, pero las sumergí en agua con sal. -Las licué con el jugo de medio limón, y les agregué agua de la cocción sólo la suficiente para ayudar a la licuadora sin que se pusiera muy líquido. -Sazoné con sal de mar, pimienta y una mezcla de hierbas italianas comercial. -Como bonus, le puse más o menos una cucharada de levadura en copos, porque tenía, pero cuando se me acabe lo haré sin levadura. -En las recetas que he visto le ponen ace...
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