Lágrimas de puerco

jueves, 9 de febrero de 2012



Si hay algo que me gusta, es que casi siempre recuerdo lo que sueño. Como los de todo el mundo, mis sueños son locos y surrealistas, como haber sido novia de Chayanne, mis dientes que se caen a menudo, las persecuciones, los saltos de árbol en árbol que doy, sin volar, pero sí flotando, yo registrando a Alf como atleta para los panamericanos... Me encanta que me despierten las carcajadas de un sueño chistoso (me ha ocurrido varias veces) pero también me desequilibra despertar llorando por sueños tristes, tristísimos, como anoche. Soñé que a mi madre le regalaban tres cerdos bebés, para que se los comiera, pero le dijeron que los dejara unos días más antes de matarlos, y para que la carne estuviera más rica, los conservara en refrigeración. Yo los veía en un cajón del refri y estaban temblando, morados, y los sacaba y cubría con un suéter. Le reclamé a mi madre por su crueldad, y le pedí que me los diera o que los matara de una vez y no los torturara más. Desperté llorando a media noche, y en la mañana seguía con esa sensación de algo pesado en el pecho.
En fin. A apechugar con esta sensibilidad de puerco.
 
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