miércoles, 20 de abril de 2011

¿Aves de adorno?


Buscando cómo hacer un comedero para pájaros, me encontré con un sitio de tips de jardinería que tenía en su "menú" Cómo elegir jaulas para aves de adorno. ¿Animales que sirven para adornar las casas? Me parece tristísimo que haya personas incapaces de ver a los animales como seres vivos, y que pueden utilizarlos como objetos. Entiendo que es algo que se aprende desde niños, en casa, como las vecinitas, que han tenido pájaros, perros, hamsters y más perros que les duran, algunos meses, otros, sólo unos días, y se les mueren, y les vuelven a comprar otros. ¿Cómo va un niño a entender que los animales no son juguetes, si no los acostumbran a  cuidarlos y porqué no, a llorarlos cuando se mueren?  Cómo, si los peces, ratones, periquitos, están en vitrinas en un puesto junto a otros "productos" en un tianguis o una plaza comercial; si en la escuela nos enseñan que los animales son recursos naturales igual que el petróleo o los metales. 
Pues buscaba yo cómo hacer un comedero porque me encantan los pintillos y otros pájaros que llegan a mi casa, y no los enjaularía, pero me encanta la idea de que nos visiten más seguido. Si funciona les contaré.

sábado, 16 de abril de 2011

Libros libros libros

Después de leer La sangre erguida, moría por empezar Fruta Verde. No es sólo que Serna es mi escritor favorito en el presente, sino que en un taller que vino a dar alguien le preguntó si tenía alguna novela consentida o a la que le tuviera un cariño especial, y él respondió precisamente que ésta, porque ser una novela en la que había exteriorizado algunas cuestiones personales, más que en cualquier otro libro. Eso me dejó con la cosita de leerla. Estoy consciente de que un libro es bueno o no, por sí mismo, pero tener referentes de boca del autor, le imprime un toquecillo de morbo y de empatía por un texto que encierra misterios escritos por alguien de carne y hueso.
Fruta Verde es la historia de Germán Lugo, un joven escritor, Paula Recillas, su madre, mujer moralina y totalmente abocada a cuidar las apariencias, y Mauro Llamas, un dramaturgo homosexual que hace todo por conquistar a Germán. Pues bien, Serna logra fascinarme una vez más, con sus personajes bien dibujados, dotados de vida, voz y manías propias, sus historias facturadas con el colmillo de un buen escritor y las escenas que puede uno imaginar con sus sonidos, olores, humores y adornos.
Es la novela que me gusta: que me cuente cosas sobre personajes que tienen pensamientos y sentimientos, no la novela que cuente un pensamiento tras otro, con el pretexto de algún personaje.

Después de Fruta Verde empecé a leer Tristessa, de Kerouac. Nunca lo había leído y tenía ganas, así que le entré, pero no la acabé. Me dio un poco de pereza, porque no pasaba nada. Soy de la clase de personas con déficit de atención, que si no llegan rápido a un punto, se pierde y se desespera. Sé que Kerouac forma parte de una corriente con características muy específicas, y que hay que entenderlo, pero a mí me dio pereza. Un hombre patético narrando lo patética que es la Ciudad de México (o la ciudad que él percibía en su loquera) que está enamorado de una prostituta a la que nunca pudo tocar por su Budismo Zen, y que curaba sus males con Whiskey y morfina. Pues casi la acabo para ver qué rayos iba a pasar, si es que realmente iba a pasar algo, pero fuimos al Dax y compré tres libros que le quitaron su posición en la lista de espera de lecturas: Pigtopía, de Kitty Fitzgerald, Los Hechos de Phillip Roth y Preludio a la Fundación, de Asimov.  

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