Para mis amigos médicos y los demás

lunes, 5 de abril de 2010


Acabo de ver en el canal 10  la nota de una chica de 16 años que llegó a un hospital de Los Cabos a tener a su bebé en una cesárea que ya estaba programada. El médico que la recibió no quiso hacer la cesárea y la forzó a parir. La apartaron de sus padres, la amarraron de las manos para que no se moviera y la amenazaron diciéndole que si algo salía mal iba a ser su culpa. El parto salió mal y el médico quiso resolver un error tras otro. Ahorita ella está con un trauma que no se la acaba y su bebé tiene 20% de probabilidades de vivir.
Este es sólo un caso y estoy segura de que todos hemos pasado por algo similar, o alguno de nuestros conocidos.
Estoy consciente de que los hospitales y clínicas públicas están afectados por la horrenda burocracia en muchos aspectos: trámites interminables, equipo insuficiente, instalaciones que dan pena. Pero eso es sólo la mitad del servicio, la otra mitad son los médicos. Sé que atender un paciente tras otro por horas debe ser fatal, y que tener que recetar lo que hay en la farmacia pues limita las posibilidades, pero no es pretexto. 
Por supuesto que hay médicos excelentes y a todísima madre y los nombraré más adelante, pero antes quiero contar algunas malas experiencias:
Hace muchos años, cuando estaba asegurada por mi mamá, fui al ISSSTE. Entré al consultorio y el doctor me dijo que me sentara, mientras revisaba unos papeles y anotaba cosas. Me preguntó qué tenía, le dije y me hizo una receta. Tómate 1c/8 hrs. X 3 días. Me levanté y salí, y el doctor NUNCA me volteó a ver.
Tiempo después, estando embarazada, fui cada mes con un ginecólogo particular, pero para que me dieran mi incapacidad tuve que ir al ISSSTE. Me pasaron con el médico familiar, él me turnó al ginecólogo que me checó poniendo su oído pegado a un conito de metal sobre mi panza, como en la edad media. Me dio cita con el del ultrasonido, días después. Aquel fulano llegó media hora tarde y esperamos parados en un pasillo. Ya adentro, se la pasó regañándome por haber ido con un particular en vez de acudir con ellos. Hizo el ultrasonido sin ni siquiera voltear la pantalla para que yo viera al bebé. Terminó y me dijo que ya. Y me dejó en la camita, con la panza embarrada de gel y no había ni una triste servilleta para limpiarme, así que tuve que hacerlo con mi propio vestido. Salí con un nudo en la garganta, como si me hubieran violado o algo así.Al final me hicieron dar mil vueltas con una infección en las vías urinarias y una panza de ocho meses.
Cuando parí en el Salvatierra, me tenían sin comer y las enfermeras se tragaron unas empanadas que olían pocamadre sentadas a los pies de mi cama y risa y risa.
A Dante nunca lo he llevado al ISSSTE, pero sí lo he tenido que llevar al SIMI porque su pediatra sólo consulta en las tardes. Una de esas doctoras me lo inyectó para una infección en la garganta cuando sólo tenía gripa. En otra ocasión, comió tacos de pescado y vomitó hasta la bilis. Lo llevé al Simi y el muy bruto lo inyectó y le recetó ranitidina y un montón de porquerías más. En la tarde su pediatra nos dijo que estaría bien la receta, siempre y cuando el Dante fuera un señor bien chupe y con gastritis.
No es mi afán hablar mal de nadie, ni creer que sé más que alguien que estudió muchos años, pero es que algunos se pasan. Otros, son un amor: El doctor Badillo, pediatra del Dante; el doctor Abaroa, con el que vamos Bern y yo, el Dr. Noriega, de planificación familiar del ISSSTE; en urgencias, tanto del ISSSTE como del Salvatierra, nos han tratado de lujo.
Mi pregunta para los médicos sin madre es: ¿no les gusta su trabajo? ¿les pagan muy poco? Si esperaban hacerse ricos como médicos y no han podido, pues lo siento. Acuérdense que estudiaron para curar a la gente, y cobrar por eso. Que tratan con personas y no con cosas. Que somos pacientes, no estúpidos, y que un título es una responsabilidad, no un papelito adornando la pared. Si no les gusta su trabajo, búsquense otro mejor.
 
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