La mamá y el bebé

martes, 10 de mayo de 2011

Me hice una prueba de embarazo en el baño de la oficina, y saliendo le dije a Bernardo, que sí, que íbamos a tener un bebé. No lloré, ni me asusté, ni (debo aceptarlo) me puse loca de alegría. Pasé el embarazo llorando con un novio al que no conocía bien, y triste porque no tenía dinero para comprarme ropa de maternidad. Cuando Dante nació alguien olvidó decirle que esa persona que tenía al lado no era una máquina de dar leche y me convertí en una vaca cuyo becerro no soltaba ni un momento. Yo renegaba y me quejaba porque no podía dar un paso sin que el crío llorara y quisiera comer.
Pero un buen día, ese pequeño empezó a carcajearse y a imitar la mímica de las canciones tontas que yo le cantaba con sus manitas, aprendió a hablar muy pronto, y todo se volvió muy sencillo. Cualquier problema lo podía solucionar hablando con él, porque tenía una capacidad de comprensión sorprendente.
Por cuestiones de trabajo tuvo que ir con nosotros a todos lados, y aún siendo un bebé cooperó como un campeón, aprendió a jugar siempre donde mamá lo viera aunque estuviera ocupada, a dormirse a sus horas, estuviera donde estuviera, así fuera en un sleeping dentro de un camión de sonido, junto a un templete con un grupo de death metal tocando; a hacer pipí en los lugares menos imaginados, a comer de un tupper cuando se requería, a estarse quietecito en la oficina, a hablar bajito en los eventos, a entretenerse con la compu en las reuniones, a ser vegetariano en casa, sin quejarse.
Es fácil ser mamá con un pequeño así.

Iron woman

Esta es la historia de una mujer que a los 18 años quedó embarazada, y a los 5 meses de tener a su hija, quedó huérfana de madre. Tuvo que trabajar y aunque intentó hacer una carrera, no pudo, aunque era muy inteligente y le echaba ganas. Aún así,  fue una mamá cariñosa, divertida, y llena de una energía inexplicable. quince años después, al final de un corto matrimonio complicado volvió a quedar embarazada. Si en el primer embarazo la edad era prematura, para el segundo, se sentía demasiado mayor, aunque no lo era. Y tuvo a su bebé y todo fue mucho más difícil porque lo que no te preocupa a los 19 años, a los 30 te aterra. Porque tenía que trabajar todo el día para poder mantener a sus dos hijos y porque sentía que aún le faltaban cosas por hacer. Así que ya siendo una joven abuela, decidió que entraría a la escuela por las mañanas, trabajaría en las tardes y los sábados, y las noches y los domingos los dedicaría a hacer tareas, limpiar la casa, lavar ropa y pasar tiempo con su hijo menor, y lo hizo. 
Iron woman (llamada secretamente por su yerno) puede desyerbar un patio, cocinar una olla de pozole, hacer pasteles, preparar clases, desponchar una llanta, despertarse a las 3 de la mañana a barrer, subir un cerro, coser unos pants, bordar, pintar su casa, cuidar a su nieto durante días y tener a un hijo adolescente inseparable.
Es una historia que he contado mil veces, lo sé, pero no importa. Cada vez que lo hago descubro motivos nuevos, explicación a cosas que no comprendía y moralejas que trato de aplicar para poder hacer yo misma la saga de la historia.
 
FREE BLOGGER TEMPLATE BY DESIGNER BLOGS