Animales o comida

domingo, 26 de junio de 2011



¿Quién soy yo, o qué autoridad tengo para decidir qué animales son dignos de ser amados y cuáles deben morir para satisfacer mis antojos?
¿Quién, para ver a unos animales como miembros de la familia, y a otros como objetos, como "recursos naturales" al servicio del ser humano voraz?

lo que es mío me toca y lo tomo

miércoles, 22 de junio de 2011


No soy nadie para intentar aleccionar o influir en los otros. No tengo la verdad, ni siquiera a medias, ni la experiencia de vida mínima como para aconsejar a nadie. Pero igual tengo mi blog y opino, porque es el medio que tengo a la mano. 
Amo mi país, amo mi estado y mi ciudad. Amo profundamente mis círculo social y a mi familia, con sus costumbres y tradiciones, con la disciplina militar inculcada por mi abuelo que nos llevaba caminando a la playa tempranito " a nadar un rato" y de regreso.
Me gustan las tradiciones paceñas como sentarse en las banquetas a platicar, o las carnes asadas, aunque soy vegana. Sin embargo, creo que hay algo que nos falta: conciencia.  Darnos cuenta de que las cosas están de una manera por inercia, por un sistema que evidentemente no funciona, y porque lo permitimos. Porque no somos libres, siempre estamos amarrados a algo: el dinero, el trabajo, las apariencias, la religión. y me atrevo a decir que todos estamos atados al menos a alguna de las cosas anteriores, aunque no nos demos cuenta. Y entonces nos dedicamos a tratar de desprendernos, y como no podemos, pues tal vez a evadirnos con otras ataduras, como el alcohol (ojo: no soy moralina ni abstemia, pero la cheve es igual de demandante, celosa y posesiva que una novia sicópata). 
Pues bien, vuelvo a la conciencia: en el momento en que me paro derecha y digo: qué madres, el gobierno no es el dueño del país, los gobernantes son empleados de todos nosotros, me cae un poco el veinte. Pago impuestos, y a veces hasta voto, entonces, ¿Por qué no puedo exigir que me cumplan? Pero esperen... sí puedo. Voy a usar los espacios públicos y los edificios públicos y los recursos públicos para llevar a cabo mis proyectos, sin que me digan cómo hacerlos porque para eso yo averiguaré, organizaré y presentaré mis ideas de tal manera que no haya duda de que no solo hay voluntad, sino conocimiento de causa. ¿Y porqué no voy a pedir una beca artística, si el dinero público sale de mi bolsillo? Todos pagamos luz, agua, impuestos hasta por respirar, con salarios de risa, y no sólo el gobierno se mantiene a costa nuestra, también las compañías de comida, telefónicas, de cerveza, refresqueras, etc. y a esas no les tenemos tanta tirria, y no pensamos que también nos gobiernan y controlan, y también son impuestas, y son primas hermanas del gobierno. 
Vamos exigiendo lo que nos toca, vamos pidiendo respuestas, vamos haciendo social lo que por mucho tiempo era casi casi particular, o de un círculo muy pequeño, y haciendo el trabajo que ellos no hacen porque sabemos que se necesita.
Bueno, eso digo yo, no hagan mucho caso.

Aprender

domingo, 5 de junio de 2011

Sí, lo sé, sigo atravesando una etapa reflexiva que quizás se deba a que ya está próximo mi cumpleaños 32. Pensando, me di cuenta de que hay muchas cosas que uno no comprende cuando es niño o adolescente, pero de adulto cae el veinte y es entonces, sobre todo cuando somos padres, que decimos Ahora entiendo...
Dante es pequeño pero ya entró en la edad en la que ya no es sólo cuidar a los hijos, sino educarlos, enseñarles a vivir y ser buenas personas. Algo me ha quedado claro desde que mi hijo entró al preescolar: no quiero un niño excelente, no me interesa que hable 3 idiomas o que sepa las capitales de memoria; no me interesa tampoco, que sea el mejor deportista para poder presumir sus medallas con las visitas; no quiero siquiera un niño tan educado que salude de beso a todas las conocidas de manera voluntaria y espontánea. Sólo quiero un hijo feliz, capaz de disfrutar los logros y recibir con responsabilidad los fracasos, un niño que sea capaz de sentir empatía por los demás, sin que el afán de ser el mejor lo convierta en alguien frío y egoísta.
Pues bien, haré el intento como lo hizo mi madre, y haré enfadar a Dante (como en muchas ocasiones me hizo enojar mi madre). Para eso, me he dado a la tarea de recopilar las enseñanzas que más recuerdo de mi infancia y adolescencia:
1-Todos los niños, sin excepción, tienen que ser mandaderos de la familia. Respetar las jerarquías es importante: el abuelo dice: hay que comprar las tortillas. El tío mayor le dice al que sigue, y éste al que le sigue, y así, hasta llegar al menor de la familia con edad suficiente para lanzarse a la tortillería.
2-Hay cosas que no se aprenden bien si no es de niños. Nadar, andar en bici, perder, ser generosos.
3-El peor error de un padre: llevar a sus hijos a todos lados. Aprender a usar el transporte público es vital, en primer lugar, porque te ubica en la tierra, en segundo, porque a la larga será imposible dejar de ser chofer de nuestros hijos.
4-A todos nos gustaría haber vivido sin restricciones económicas, y nos gustaría darle a nuestros hijos lo que no tuvimos, pero algunos sacrificios, desde mi punto de vista, son contraproducentes. Tendrás lo que tus padres pueden darte, y no más. Dejar la mitad de la quincena en una escuela privada sólo para que el niño hable dos idiomas y reciba clases de yoga me parece más esnobismo o miedo a ser juzgados por la sociedad, que un deseo auténtico por darles lo mejor. Una humilde escuela pública puede no ser tan mala cuando es lo que se ajusta al presupuesto. 
5-Un castigo es un castigo y no hay vuelta de hoja. Recuerdo haber pasado tardes llorando por estar castigada y no poder ir a una tardeada de la secundaria, con boleto en mano, por haber sacado malas calificaciones.
Seguramente hay muchas cosas que se me han pasado esta vez y que recordaré más tarde.
Hijo mío, algún día lo entenderás.
 
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