¿Por qué vegana?

Te amo. ¿Te necesito?

martes, 22 de noviembre de 2011


Este "buen fin" fue la primera ocasión en que mi marido viaja y me toca quedarme con el crío en casa. Aunque sólo fueron 4 días y 3 noches, obviamente lo extrañé. Pero ya entrada en esas, aproveché para meterme en su estudio  y hacer un movedero de cosas y limpieza profunda. Mi humilde estudio es un hueco en el pasillo, y tenía un librero y una pequeña mesita, en donde últimamente no cabía ya. Entonces quité el librero y lo metí al estudio del Bern, y me lancé a las segundas a buscar un mueble largo que quedara bien en el espacio. Lo compré y me lo subieron al carro, pero al llegar a la casa el problema era bajarlo! pesaba como mil kilos.
Entonces pensé: ocupo a mi marido. ¿Lo ocupo? A pesar de la prisa, no pude evitar filosofar sobre el tema de las parejas, la dependencia y todo eso. Claro que necesito a mi marido, pero no para que cargue cosas, sino para que me quiera, me haga reír y me acompañe en la vida ¿Las mujeres ocupamos a un hombre para hacer el trabajo rudo? ¿Es indispensable tener un hombre fuerte y hacendoso que nos facilite la vida? ¿Qué de la limpieza del jardín, de podar el árbol, de cambiar las llantas ponchadas? ¿Qué pasa cuando no tienes marido?
Afortunadamente crecí con una súper madre soltera que jamás se detuvo a pensar si necesitaba a un esposo o no para esos asuntos. Siempre la vi usar una pala, un taladro, una brocha, cambiar una llanta, batallando pero sin quejarse demasiado. 
Me dan un poco de pereza las personas a las que se les acaba el mundo ante problemas simples, que pueden resolverse con un poco de creatividad o pidiendo consejos.
¿Que cómo lo resolví? Con una estrategia que ni McGyver! Lo bajé del carro con trabajos. Le pedí a Dante su patineta y entre los dos nos lo llevamos hasta la puerta de la sala, ahí lo bajé y lo empujé hasta su lugar, y me quedé muy feliz y satisfecha, de haber aprendido bien de la máster.

FELINO, postal

viernes, 11 de noviembre de 2011


El IX FeLiNo (Festival de Literatura del Noroeste) ya pasó, Tijuana se quedó en fotos y en recuerdos, pero me traje una lista de conclusiones. Van:
-Tengo un equilibrio muy mariquita. A la primera que me subí al elevador, me entró un mareo que hasta el momento no se me quita.
-El CECUT es un lugar maravilloso. El paraíso de una promotora burócrata como yo.
-Los escritores no son todos divos, bohemios o mamarrachos. Eso me hace muy feliz. Conocí a varios que son, además de buenos escritores, personas sensibles, buena onda y cotorros (de cotorreo, no de soltería).
-La comida gourmet es muy, muy linda. Pero es muy raro encontrar un menú vegetariano que no subestime al vegetariano y no conste de un plato con hojas.
-Mi cerebro no puede procesar más de dos mesas de lectura al hilo.
-La lluvia, definitivamente, no es lo mío.
-La socialización, tampoco.
-A diferencia de los pronósticos generales, no morí de frío.
-Los escritores no existirían sin el café. 
-Ver un pelea de box en un cuarto hotel, seguida de una charla con escritores, una ensalada y una cheve, bien valió la pena de haber sido vergonzosamente ultrajados por los jueces de las vegas.
-Nos urgen una Gandhi y un MixUp en La Paz.
-La gente de Tijuana es muy, muy amable. Lo digo en serio: desde la cajera del súper hasta el taxista, pasando por la señora en la calle, son agradables y sonrientes.
-No hay nada que me moleste más en una mesa de lectura, que un escritor leyendo directamente de la computadora, o peor, de unos apuntes a mano, que no entiende.
-Es padrísimo viajar, pero no cambio mi ciudad, mi familia, mi casa ni mi Grito Colectivo por nada en el mundo.


 
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