documentales y llanto

miércoles, 15 de diciembre de 2010


Acabo de postear Earthlings, y me pregunté si realmente tiene caso ver un documental tan horrendo, si no es más cuestión de morbo o mal gusto. Pero supongo que es desde el punto de vista de quien lo ve. Hay personas que no necesitan verlo, porque ya saben qué es lo que hay detrás, hay quienes no pueden verlo porque son muy sensibles, hay quienes lo ven y se asquean, pero luego se les olvida. Sólo puedo decirles lo que me pasó a mí después de verlo.
Pues bien, lloré, pero eso no es extraño, lloro hasta con los Pingüinos de Madagascar, el chiste es que al final, seguía manteniéndome firme en mi forma de alimentarme, y en mi propósito de volverme vegana en un futuro próximo.
Si bien soy de las que creen que el futuro del ser humano es volverse vegano por su bien y el del planeta, no es mi interés volverme vegetanizadora de gente, porque no sería justo pedirle a alguien que haga sacrificios que no quiere hacer. Conozco mucha gente buena que no es vegetariana y que es mucho menos egoísta que yo.
Por esa gente buena es que vale la pena postear Earthlings, porque la mayoría vemos inofensivo ir al súper y comprar una charolita con un pedazo de carne que después va a la sartén y queda buenísima, o un paquete de jamón, o unas pechugas de pollo, y desconocemos lo que hay detrás. No les vemos los ojos, pues. No sabemos cómo llegaron ahí. A veces saber lo que hay detrás es lo que nos motiva a hacer ese sacrificio. A la gente que es muy carnívora, y que sé que no se enternece con un becerrito, ni siquiera se lo mencionaría, porque no tendría caso, se los recomiendo a mis amigos que sé que se preocupan por los animales, que sé que han intentado hacerse veges en esta tierra no apta para ello, y por una u otra razón, no lo han podido lograr. Lo siento amigos.
La experiencia no es traumática ni nada por el estilo, se los aseguro. 
 
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