martes, 30 de octubre de 2012

Bullying


La sociedad parece ser diferente dependiendo de la época, pero en la mayoría de las costumbres, sigue siendo la misma. Los niños de ahora, con la excepción de sus tecnológicos juguetitos nuevos, son muy parecidos a los de mis tiempos: los juegos (aunque con otros nombres, con las mismas dinámicas), los noviazgos, los nervios, los acosos. El ser humano es abusón por naturaleza: abusa de los más débiles. Ahora se llama Bullying, y está muy de moda.
Es bueno que se le dé un nombre al acoso infantil, y que se muestre a los niños que ser molestados no está bien y se puede evitar. Yo misma fui víctima de acoso en mi tierna infancia y tuve que cambiarme de escuela. Y luego seguí sufriendo por las burlas (a veces, ni siquiera malintencionadas) de algunos compañeros que se burlaron de mis cachetes, de mis pantalones acampanados, de mis trenzas, de mis alpargatas, de mis converse amarillos de payaso. No me gustaba mucho la escuela, eso es definitivo.
Pero sobre este tema tengo dos observaciones:
1.- ¿Toda burla, todo pellizcón y todo empujón, son bullying? ¿Estamos haciendo que los niños entiendan la sutil línea entre la carrilla y el acoso, entre el juego pesado y el abuso físico? Son comunes los casos de niños que acusan a sus padres de abuso porque los pusieron a lavar los trastes, porque no se les da el panorama completo.
2.- Se enfocan en las víctimas, que son los niños. Pero no se enfocan en quiénes son los abusones. ¿Acaso no son otros niños? De esos niños no escucho que hablen. ¿Y esos niños, no tienen padres? ¿Qué hacen los maestros cuando detectan a un niño abusador. ¿Lo corren, los mandan a terapia, hablan con sus padres? Por fortuna o por desgracia, los niños son lo que aprenden en casa, y además de enseñar a nuestros hijos a que no se dejen molestar, deberíamos enseñarles y exigirles que no molesten a los otros. Que ser gordo, flaco, moreno, usar lentes, ser ateo, chaparrito, no es malo, y que no se vale jorobarle el rato a los otros por diversión o amargura. Pero qué van a aprender ellos, si ven que uno lo hace todo el tiempo en casa, con el gato, el perro, el vecino, cualquier persona...

martes, 2 de octubre de 2012

10 años



Hoy cumplimos 10 años juntos.
10 años de que, sin quererlo, encontré a mi hombre ideal: que no fumara tabaco ni otras cosas, que no soliera pistear con amigotes, que tuviera algo que ver con un escenario, que fuera alto, que no buscara una ama de casa y cocinara rico.
10 años trabajando juntos, sentados juntos en el mismo escritorio o mesa.
De compartir un mismo carro.
Hoy, diez años después, trabajamos juntos, estamos en la misma asociación civil, en el mismo tianguis, en el mismo gimnasio a la misma hora.
En diez años he aprendido que no importa cuántos besos te den, cuántas flores te regalen, cuantas cartas de amor o cuántos peluches, siempre preferiré un esposo poco efusivo, pero confiable, maduro, que está ahí para nosotros. Que no tiene que pedirme perdón cada fin de semana.
Diez años sin haber roto ni una vez, sin habernos insultado nunca.
Muchos días de trabajo, otros tantos de desesperanza, pero siempre, muchos más de ilusiones.
Diez años desde que supimos que estaba embarazada y te mudaste a mi departamento, a dormir en la mini camita que yo tenía aunque sólo unos pocos días mientras la cambiábamos por una cama matrimonial.
Diez años desde aquel viaje de trabajo a Los Barriles, cuando cantabas canciones de Silvio Rodríguez y yo me aguantaba las ganas de decirte que a mí la trova me da mucha flojera, porque te veías lindo con la guitarra.
Después de diez años no necesitamos hablar para decirnos algo sobre alguien, basta con mirarnos: sabemos lo que estamos pensando.
Diez años en los que he cambiado mucho, en los que has cambiado tú también. Hace diez años dejé de salir de antros todos los días, y tú dejaste de despotricar contra el capitalismo y Santa Claus, y encontramos un equilibrio perfecto entre mi optimismo y tu amargura. Somos como Bob Esponja y Calamardo.
Diez años y hoy, estoy enamorada, y te observo de lejos, en el gimnasio, y sé, que si no fueras mi esposo, iría a ese gimnasio para verte.
Diez años de quererte, de admirarte, de aprender de ti, de desear todo eso que viene para nosotros.
No tenemos ni una foto del día que firmamos el acta (que para nosotros, sobraba). No tuvimos una fiesta (algún día), pero hoy soy feliz de tener la maravillosa vida que tengo.
Y sé, que aunque para ti los aniversarios son como cualquier otro día, también eres feliz y ya me cobraré todas las fechas no celebradas .

Entrada destacada

Queso de papa vegano

Después de haber probado una súper deliciosa pizza vegana con queso de papa en un bar, me quedé con las ganas de hacer el queso en mi c...