lunes, 30 de mayo de 2011

Cosas de la madurez


Quiero escribir tantas cosas y nada me sale hoy. Supongo que es normal. Mi cerebro no está bloqueado, está, digamos, atascado con tanta cosa que me ocupa. Estoy creciendo y la vida me cambia y me convierto en adulta de a de veras. Trabajar en la oficina, cocinar, limpiar, tejer por pedido, escribir, preparar talleres, el trabajo en el colectivo, ser mamá y a veces una buena esposa. Cada cosa sin descuidar las otras. Es agotador. Realmente agotador. Pero no queda más que el trabajo. Y no sólo porque algunas de esas cosas significan una entrada extra con la que me puedo comprar cosas que me sirven para hacer las cosas que me gustan, sino por eso mismo: porque todo lo anterior me gusta. Tener la casa en orden, un chamaco feliz, un grupo de amigos cultureros que igual sacrifican su tiempo libre en chamba sin paga, dar talleres...
Ya no tengo tiempo de tirar la hueva como antes, pero tampoco tengo ganas de hacerlo. En fin, creo que son cosas de la edad. Nada más falta que se me empiecen a notar las canas y Juan Ferrara o Bertín Osborne (oh dios, Osborne No!) me parezcan atractivos.

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