jueves, 16 de febrero de 2012

Hijos, padres y mi libro favorito

Cuando uno es niño vive y lo que pasa alrededor es accesorio. Uno no piensa las consecuencias ni las causas de lo que pasa. No pensamos: qué bien que mi padre me discipline, o qué buena mi mamá por enseñarme lo que me enseña. Es cuando crecemos que nos damos cuenta de que lo que nos dieron de niños es lo que tenemos de adultos. 
Ayer fui a la biblioteca infantil de la unidad cultural, y me puse a buscar libros que yo leía cuando era chica. El sistema (poco eficiente) de actualización de libros me hizo pensar que todavía estarían allí. Y efectivamente: encontré mi libro favorito, en la misma edición que lo leí cuando tenía unos seis o siete años.


Se trata de un libro (de una serie de varios, no me fijé cuántos) que se leen con la ayuda de un dado, porque tiene opciones para ir llevando la historia. Recordaba perfectamente muchos recuadros, con el dibujo y el texto, y me llené de nostalgia: mi madre me llevaba a las bibliotecas cuando era niña. Claro, en los patios de la unidad cultural aprendí a andar en bici, pero también aprendí que leer es igual de divertido que rampear en un BMX.


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