Qué sabrosa CocaCola

domingo, 29 de julio de 2012


Hoy fui a la tienda a comprar tortillas y frijol para desayunar y como siempre, (y a pesar de un oxxo enfrente) la tiendita estaba llena de gente, tres personas antes de mí en la fila, y unas dos tres saliendo cuando entré. ¿Qué tenían todas en común? Una coca cola. Todos llevaban una. Ninguno, obviamente, llevaba una lata, o una de 600 ml, sino grandes, de uno, dos y tres litros. Todos llevaban su cocona para el desayuno familiar. Pero seguro no será sólo para el desayuno. De hecho, a la hora que sea que uno llegue a cualquier tienda, hay alguien comprando una, y a mediodía en las calles de los barrios, lo que se ve frecuentemente son niños (algunos osados, descalzos en el pavimento ardiente) cruzando la calle con una coca de dos litros para la comida. ¿Por qué se toma tanta coca? Porque es rica, helada y dulcísima. ¿Nos hace bien tomar tantos litros de coca? Seguro que no. ¿Nos importa eso? Seguro que no.
El placer de la vida no siempre es inocuo, pero vale la pena aceptar las consecuencias y no vivir limitándonos, si, total, vida hay una sola y hay que vivirla sin temor. 
Hace unos días, vimos en la calle a un muchacho que no tendría más de 30 años, pero que pesaba mucho más de 100 kilos, y sus pantorrillas eran más gruesas que mis muslos (que ya es mucho decir), con evidentes problemas, serios, de várices. No hablo de venitas, sino de una piel morada y abultada de la rodilla para abajo. ¿Qué necesidad hay de vivir enfermos? "Es normal, todos nos habremos de enfermar algunas veces, y para eso hay doctores y medicinas, no?" dicen muchos. Es muy general la idea de que la enfermedad es el estado común, cuando debería ser al revés: lo normal, es estar sano. Hay cosas que no se pueden evitar, ni prevenir, pero la mayor parte de nuestras dolencias las provocamos nosotros mismos. Yo no soy precisamente un ejemplo de vida saludable, puesto que estoy pasada de kilos y hace dos meses no hacía ejercicio ni en defensa propia, pero me enorgullezco de decir que en casa nunca hemos tenido un antiácido y que cada vez son menos las medicinas del botiquín y las visitas al doctor. Dante sólo ha faltado una vez a la primaria por un dolor de estómago. 
Pero lo peor de todo no es que nos guste estar enfermos: les estamos planeando un futuro a nuestros hijos en el que nos tendrán que andar llevando a dializar o a nebulizar, porque nos pondremos peor; estamos condenándonos a una vejez de cuidados y hospitales a los 60 años; y peor aún, estamos criando niños para que sean adolescentes enfermos, adultos enfermos. 
Es triste cómo dejamos de apreciar la vida, de apreciar nuestros cuerpos, y los de nuestras familias. Total, un vaso de coca con hielo bien vale la pena.

Documentales

sábado, 7 de julio de 2012


Me gustan mucho los documentales, sobre todo de animales. Por lo general, estas películas se enfocan a animales salvajes o en peligro de extinción, para concientizar a las personas sobre la importancia de cuidarlos a ellos y a su medio ambiente. He visto muchos, y casi todos sobre los mismos: ballenas, felinos, tortugas. Me gusta, pero a la vez, me preocupa y molesta un poco, porque no recuerdo haber visto documentales sobre animales de granja. Yo sé que esas especies no peligran, por el hecho de ser "producidas" por el hombre. Eso es lo que me molesta. Le enseñamos a la gente que unos animales son importantes para el planeta y otros de segunda. Les mandamos el mensaje que unos son dignos de admirarse, de estudiarse, los enseñamos a sentir empatía hacia ellos, mientras que los otros se convierten en objetos, en comida, como si no valieran más que el precio por kilo que les dan en el súper.
Si yo fuera cineasta haría un documental con animales de granja para mostrar que son iguales a las otras especies: sienten, sufren, tienen familia, son cachorros, juegan, defienden a sus crías. Para enseñar que los que están en peligro de extinción no son los únicos que sufren por culpa del hombre: ¿qué más sufrimiento que vivir encerrados desde el nacimiento, y morir de una manera cruel y sanguinaria, sólo para que una familia humana pueda comer un filete viendo la televisión? ¿Qué más enfermizo que repetir esto, criando miles y miles de animales sólo para matarlos?

Resistir

martes, 3 de julio de 2012


No soy una activista activa. Estoy ligeramente empapada de lo que ocurre en mi país. No soy lo que se dice una persona que lea los diarios o que esté totalmente atenta al twitter. No me conozco los preceptos de la izquierda, ni tengo la teoría. Pero vivo en México, tengo una familia trabajadora y honrada y me enseñaron a que nada, nada, se consigue gratis (aunque he tenido mucha suerte en mi vida).
Desde el 2006 comprendí que nuestro país son en realidad dos: el que vemos en la tele, de oportunidades y logros, de telenovelas y noticieros falsos, y el otro: el México de la gente común, de la mayoría, en el que la libertad es sólo aparente. La libertad de ser, de decidir, de consumir, de creer, es limitada, aunque te hagan creer que no es así.
Ante la injusticia, el caos, el cinismo y la apatía, sólo se puede intentar resistir, unidos, y también cada uno, desde su propia casa, desde su propia persona. En mi caso, se reaviva mi deseo de no dejarme absorber, contagiar, de todo eso que tanto me indigna, de no cooperar con aquellos que nos tienen así, de no bajar la cabeza. No puedo renunciar a mi trabajo y vivir de milagro, porque tengo un hijo que mantener y una casa que pagar, pero hay pequeñas acciones cotidianas que me ayudan a sentirme más congruente, algunas de ellas ya se me habían olvidado, pero las retomaré:
-No consumir coca cola, ni pepsi, ni nestlé, bimbo, sabritas, ni ninguna de las marcas más importantes: son las que más contaminan, explotan, evaden impuestos y enferman a la población.
-No consumir en los supermercados y tiendas que más le han metido dinero a los fraudes: SORIANA y COPPEL.
-No seguir manteniendo principalmente a Televisa y TvAzteca, los medios que por años nos han tenido en la ignorancia, que dictan nuestro consumo y nuestros estándares de vida. Para informarnos, está el internet, con muchos sitios que vale la pena conocer.
-Consumir lo menos que se pueda en general. Comprar linda ropa vintage en las segundas, aprender a coser, reutilizar las cosas, no tirar cosas que le pueden servir a alguien más, cocinar en casa.
-El veganismo es una opción de vida justa y que me deja una sensación ligera en el alma a la hora de dormir.

No son, tal vez, la gran cosa. No te digo que las hagas, sólo te platico para desahogarme, en esta difícil semana que inicia, pero que se va iluminando.



 
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