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El país del casi, casi


Hoy anunciaron que la asamblea legislativa del Distrito Federal decidió no continuar (por el momento) con la propuesta de prohibir las corridas de toros en el DF. La noticia no me sorprende, era de esperarse que la gente involucrada en el negocio taurino (que es menos) pesara más que toda la gente que repudia este espectáculo salvaje. Pero como yo no puedo empezar el día sin hacer mi corajito (lo siento, no sería yo misma si no los hiciera) ya hice bilis hoy con brozo, el payaso conductor que en lo particular me cae mal, por creerse el intelectual, el inquisidor y el periodista de las causas nobles (cuando sólo es un empleado más de televisa). Al hablar sobre la noticia apoyó la decisión de congelar el tema en la asamblea, porque "hay cosas más importantes de qué preocuparse", y bueno, sí y no: los legisladores deberían atender TODOS los asuntos, que para eso les pagan rebien. ¿Qué hacen todo el año, si no es rascarse la panza y gastarse dinerales que son de nosotros?  Claro que es necesaria una ley general de víctimas, claro que urgen reformas, pero la cuestión de la tauromaquia es también importante: refleja la idiosincrasia de un pueblo; la manera en que los hombres se relacionan con los otros seres vivos; la sensibilidad, la empatía hacia el sufrimiento ajeno. Pero eso no importa, ya que la "fiesta", tan rica en elementos culturales (de otro país: España) justifica cualquier sacrificio. 
Que se jodan los toreros. Que se jodan los empresarios. 
Los toros ni en el ruedo, ni en el plato!

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