En el corazón

sábado, 7 de abril de 2012

Mi abuelo fue a la segunda guerra mundial con el H. Escuadrón 201, y yo no he desperdiciado la oportunidad de contárselo a quien he podido. Muchos lo conocieron por eso, y por supuesto que siempre he sentido mucho orgullo, pero la verdad es que los recuerdos que tengo de mi abuelo, los más fuertes, no son del ejército. De hecho, a mí no me tocó verlo como militar. Los recuerdos que tengo de él son más familiares: mi abuelo, en su taller, reparando televisiones, rodeado de ellas. 
Ahí estaba, sentado en un banco café y yo, por ahí jugando con un flyback como estetoscopio, o condensadores como accesorios de barbies. Recuerdo el sonido que hacía el cautín caliente al contacto con la esponja mojada, y el ruido blanco de los aparatos prendidos; los espejos que usaba para ver las pantallas, la lupa, el alambre de soldadura que yo cortaba con los dientes; yo, metida entre las patas de un banco de madera, viéndolo armar y desarmar...
No necesitaba un tatuaje para tenerlo presente, pero ahora será indeleble.

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