Belleza occidental, mis calzones. Parte 1.

jueves, 14 de octubre de 2010


Me siento inspirada comiendo mi segundo plato de pasta con espinacas y veggie alitas búfalo, y me inspiré porque sé que no debí servirme un segundo plato.
Si alguien ha visto la serie de "Una diva cambiando de cuerpo", entenderá perfecto de lo que voy a hablar: como te ven te tratan. Sómos lo que comemos, somos lo que consumimos, pero sobre todo: somos lo que aparentamos, o por lo menos, socialmente, así es. 
No es mi afán hacer un estudio antropológico o sociológico de la idea de belleza occidental, ni de cuestiones estéticas, simplemente me parece que vivimos en una sociedad injusta, cruel, discriminadora y terriblemente hipócrita. Manejamos un doble discurso: por un lado predicamos que "lo importante es lo de adentro", y que todos somos iguales, pero por otro lado rechazamos, menospreciamos. En un país en el que el 70% de la población presenta sobrepeso, seguimos conservando el ideal de la belleza delgada. La cifra es alarmante porque refleja que comemos basura, que no sabemos alimentarnos, que somos un país enfermo y que cada vez será peor, pero aún así, la manera de ver al gordo es injusta. Es importante el peso y el ejercicio, pero existe la parte estética, que es la que me molesta tanto.
No me referiré ahora a la obesidad mórbida, ni siquiera al sobrepeso excesivo, sino a los kilos de más. Es mejor visto que le mentes la madre a jesucristo, a ver una gordita con shorts. La celulitis o los brazos flácidos son un insulto, una ofensa, para la fínísima mirada de los transeúntes, principalmente masculinos. ¿Cuántas veces no has escuchado (o dicho) "está bonita, gordita, pero guapa"? Cómo si los kilos de más fueran como un barro enorme lleno de pus en la frente. Me pregunto qué pasaría si en un concurso de belleza se enfrentaran un chava llenita con cara linda, y una delgada con rostro de miedo. Supongo que sugerirían que hicieran un concurso para tallas extras porque en un concurso de belleza no se admiten gordas.
¿En realidad lo gordo no puede ser bello? ¿Ni siquiera medianamente bello? 
Esta linda idea de la perfección me da un poco de náuseas. Es mucha presión para cualquiera, pero sobre todo para las mujeres: no basta con trabajar, tener ropa limpia y doblada, una casa decente, cocinar, ser mamá, además, hay que gustarle a los demás. No basta ser una buena persona, ser honesta, o cariñosa, o inteligente, hay que verte bien para que te traten bien. Me parece excesivo.



2 comentarios:

Mama de medio tiempo dijo...

Felicidades por tu entrada; me gusta mucho leerte. Admiro tu valentia de oir a tu consiencia. Yo decidi rendirme ante la lucha de parecer mama, trabajadora, exitosa, profesionista, delgada, guapa, fashion, con tacones, con revistas de cosmo bajo el braso, y ademas tener la sonrisa perfecta.
Mis hijos y marido me aman como soy, pero sobre todo me siendo orgullosa de ser valiente, tanto para salir todos los dias de casa y decir lo que pienso. Saludos.

C. R. dijo...

Muchas gracias por tu comentario. La verdad es que siempre he tratado de no darle importancia a las cosas triviales, pero es inevitable cuestionarse el comportamiento de la sociedad en que vivimos, porque incluso yo, cuando he visto alguna dama pasada de carnes en minififalda y ombliguera he dicho: no manches. Tan lindo que sería que todos nos sintiéramos a gusto con lo que tenemos sobre los huesos.

 
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