Ah, qué tiempos

sábado, 21 de noviembre de 2009


Recuerdo cuando las barbies eran la onda y todas queríamos a la Barbie California o la princesa. Y jugábamos a que se casaba y el Ken venía de un divorcio y la pobre Barbie tenía que querer a kelly como si fuera su propia hija. Recuerdo que mi Barbie y Ken favoritos eran morenos pero yo les puse Jonathan y Jennifer Smith.
Recuerdo que el discurso feminista era que los juegos de niños enseñaban a matar y los de niñas las marcaban de por vida para ser sólo Mamás y amas de casa y no estimulaban ningún afán por ser profesionistas, artistas, intelectuales...
Ahora la Barbie es veterninaria y tiene una perrita que hace popó, una gatita que habla y un caballo al que se le rompe una pata, pero ha pasado de moda.
La onda ahora son las My Scene, unas muñecas iguales a Barbie pero cabezonas, que rechazan la maternidad porque se dedican a las compras, a escoger su look y salir a los antros.
También está la Polly Pocket, más grande que la de mi niñez, que tiene tiendas para que escojas sus trapitos.
Así me gusta: que las nenas se liberen del yugo machista y no se conformen con casarse y dedicarse al hogar, que aspiren a ser "fashionistas" (existe la Barbie Fashionista!) y vestir como mamá no se vestiría nunca. Que quieran ser profesionales para conseguir dinero y poder tener guardarropas de ensueño, ya que se vestirán como "profesionales" (recuerden cuál es la profesión más antigua).
Las nenas pueden pedirle a mamá y papá que les compren sus monas, que les compren ropita igual a la de sus monas, vestirse y bailar reggaetón y ser personas libres, con decisiones propias, no como las ñoñas de antes, ingenuas y pasivas, como yo, que pasaba horas tratando que de que mi Barbie lograra ganarse el cariño de su hijastra.

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