miércoles, 23 de enero de 2008


Quiero a mi país. Lo quiero porque es donde vivo y donde están las personas que amo. Porque estoy acostumbrada a él. Por eso es tan triste ver en lo que se está convirtiendo.
Si no han visto Sicko, de Michael Moore, háganlo. Por una parte, es patético ver cómo el país más poderoso del mundo tiene desprotegidos a sus habitantes, tanto, que los niños de El Salvador tienen menos posibilidades de morir por enfermedad que los niños gringos. Increible. Mientras, en países como Canadá, Inglaterra, Francia y Cuba gozan de un sistema de salud gratuito de lujo, para todos por igual. Increible. Hasta se siente uno privilegiado con su IMSS y El ISSSTE. Lástima que el gobierno esté haciendo todo lo posible para quebrarlos y privatizar. Pero no pasa nada. En México, jamás pasa nada. Mientras que en la televisión digan que todo es por nuestro bien, así será. Mientras veamos a los gringos como un país modelo, no pasará nada. Jodidos los cubanos, que no tienen Mc Donalds ni Burger. Increible. Increible.

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