miércoles, 3 de junio de 2009


Cuesta trabajo entender que no somos iguales, que pensamos diferente y que vemos al mundo de formas muy distintas. Cuesta trabajo no pararse frente a un puesto de tacos y gritar: saben lo que le están haciendo al planeta, a los cerdos y a su propio cuerpo?! Sí cuesta, pero una vez que entiendes, se vive muy feliz. No se trata de cambiar a la gente, sólo a uno mismo. Créanme que sé de lo que hablo. Mi esposo no es vegetariano, mi hijo tampoco porque come en la guardería y tiene que comer lo que le dén. Obviamente a mí me haría inmensamente feliz que los dos dejaran de comer animales por su propia voluntad, pero si no, no puedo obligarlos, ni sugerírselos. He corrido con suerte, porque en los dos años y medio que llevo de vegetariana, he sido tratada con mucho respeto, así que no me escucharán hablar mal de los carnívoros. Claro, me hacen bromas sobre lo que como, ya sabes: "a la Ceci traele un plato con pasto y ya está", pero son sólo bromas y a mí me gusta, sé que tienen muy presente que no como lo mismo y hasta se preocupan por tenerme un menú especial la mayor parte del tiempo. Eso sí: si llego a tener otro hijo, será vegetariano (a) desde la panza, y sé que será lo mejor que pueda darle. Lo que sí puedo hacer es darte información sobre lo que provoca la industria ganadera en el planeta, sobre el sufrimiento que te comes y sobre los beneficios que recibimos al elegir los vegetales. Eso sí que lo haré. Te recomiendo visitar la página de Hazte vegetariano, donde hay recetas, testimonios de veggies y mucha información.

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