en gustos...

jueves, 24 de mayo de 2007


Justo cuando creí que nada podía ser más vulgar, denigrante y soez que el reggaeton (cuyo nombre me parece humillante para el reggae), llega el PASITO DURANGUENSE. Y es que no sólo es la música tan básica, la falta de creatividad (tocan casi puro cóver: qué fácil), las letras de las canciones originales (iguales a las del reggaetón, a veces hasta peores); hay algo aún peor (gracias, Dios, por los milagros!): el baile. El que haya visto a una chica retorciéndose a ritmo del tecladito se habrá dado cuenta de que para empezar los movimientos son difíciles de realizar por las personas comunes y corrientes que no acostumbramos los bailes gruperos, incluso desafían la lógica anatómica con movimientos desarticulados. Por ahí circula un video de Quico, como una parodia al baile. No me parece que exista tal: así se ven cuando ejecutan los pasos, ni más ni menos.

Recuerdo cuando los bailes de Cantinflas eran considerados cómicos para el televidente. Ahora son sensuales y provocativos según parece.
 
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