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Bullying

La sociedad parece ser diferente dependiendo de la época, pero en la mayoría de las costumbres, sigue siendo la misma. Los niños de ahora, con la excepción de sus tecnológicos juguetitos nuevos, son muy parecidos a los de mis tiempos: los juegos (aunque con otros nombres, con las mismas dinámicas), los noviazgos, los nervios, los acosos. El ser humano es abusón por naturaleza: abusa de los más débiles. Ahora se llama Bullying, y está muy de moda. Es bueno que se le dé un nombre al acoso infantil, y que se muestre a los niños que ser molestados no está bien y se puede evitar. Yo misma fui víctima de acoso en mi tierna infancia y tuve que cambiarme de escuela. Y luego seguí sufriendo por las burlas (a veces, ni siquiera malintencionadas) de algunos compañeros que se burlaron de mis cachetes, de mis pantalones acampanados, de mis trenzas, de mis alpargatas, de mis converse amarillos de payaso. No me gustaba mucho la escuela, eso es definitivo. Pero sobre este tema tengo dos obser...

10 años

Hoy cumplimos 10 años juntos. 10 años de que, sin quererlo, encontré a mi hombre ideal: que no fumara tabaco ni otras cosas, que no soliera pistear con amigotes, que tuviera algo que ver con un escenario, que fuera alto, que no buscara una ama de casa y cocinara rico. 10 años trabajando juntos, sentados juntos en el mismo escritorio o mesa. De compartir un mismo carro. Hoy, diez años después, trabajamos juntos, estamos en la misma asociación civil, en el mismo tianguis, en el mismo gimnasio a la misma hora. En diez años he aprendido que no importa cuántos besos te den, cuántas flores te regalen, cuantas cartas de amor o cuántos peluches, siempre preferiré un esposo poco efusivo, pero confiable, maduro, que está ahí para nosotros. Que no tiene que pedirme perdón cada fin de semana. Diez años sin haber roto ni una vez, sin habernos insultado nunca. Muchos días de trabajo, otros tantos de desesperanza, pero siempre, muchos más de ilusiones. Diez años desde que supi...

Ejercicio

La gente que me conoce de años atrás sabe que durante mi adolescencia y buena parte de mi juventud fui deportista. Primero, como nadadora de sincronizado y luego como entrenadora de un equipo de niñas. Me tocó ir a competir fuera de estado, y todo. Pero de adulta me convertí en una persona sedentaria y perezosa. La verdad yo puedo pasar todo el día en un sillón tejiendo y checando el internet, sin ningún problema. Pero a mis 33 años, ya no puedo darme esos lujos: las rodillas me dolían y crujían, la espalda no se diga; la respiración se me agotaba y qué decir de los muchos kilos de más... Bernardo tenía más del año yendo al gimnasio, así que me decidí. Es algo a lo que no estaba acostumbrada: yo fui, más bien, de pasar horas en una colchoneta haciendo ejercicios o metida en la alberca, o de hacer zumba, pero las pesas eran algo nuevo.  El primer día del gimnasio tuve que correr al baño a vomitar, y llegué a mi casa morada, a punto de llorar.  Luego volví a vomitar u...

Qué sabrosa CocaCola

Hoy fui a la tienda a comprar tortillas y frijol para desayunar y como siempre, (y a pesar de un oxxo enfrente) la tiendita estaba llena de gente, tres personas antes de mí en la fila, y unas dos tres saliendo cuando entré. ¿Qué tenían todas en común? Una coca cola. Todos llevaban una. Ninguno, obviamente, llevaba una lata, o una de 600 ml, sino grandes, de uno, dos y tres litros. Todos llevaban su cocona para el desayuno familiar. Pero seguro no será sólo para el desayuno. De hecho, a la hora que sea que uno llegue a cualquier tienda, hay alguien comprando una, y a mediodía en las calles de los barrios, lo que se ve frecuentemente son niños (algunos osados, descalzos en el pavimento ardiente) cruzando la calle con una coca de dos litros para la comida. ¿Por qué se toma tanta coca? Porque es rica, helada y dulcísima. ¿Nos hace bien tomar tantos litros de coca? Seguro que no. ¿Nos importa eso? Seguro que no. El placer de la vida no siempre es inocuo, pero vale la pena aceptar las...

Documentales

Me gustan mucho los documentales, sobre todo de animales. Por lo general, estas películas se enfocan a animales salvajes o en peligro de extinción, para concientizar a las personas sobre la importancia de cuidarlos a ellos y a su medio ambiente. He visto muchos, y casi todos sobre los mismos: ballenas, felinos, tortugas. Me gusta, pero a la vez, me preocupa y molesta un poco, porque no recuerdo haber visto documentales sobre animales de granja. Yo sé que esas especies no peligran, por el hecho de ser "producidas" por el hombre. Eso es lo que me molesta. Le enseñamos a la gente que unos animales son importantes para el planeta y otros de segunda. Les mandamos el mensaje que unos son dignos de admirarse, de estudiarse, los enseñamos a sentir empatía hacia ellos, mientras que los otros se convierten en objetos, en comida, como si no valieran más que el precio por kilo que les dan en el súper. Si yo fuera cineasta haría un documental con animales de granja para mostrar que ...

Resistir

No soy una activista activa. Estoy ligeramente empapada de lo que ocurre en mi país. No soy lo que se dice una persona que lea los diarios o que esté totalmente atenta al twitter. No me conozco los preceptos de la izquierda, ni tengo la teoría. Pero vivo en México, tengo una familia trabajadora y honrada y me enseñaron a que nada, nada, se consigue gratis (aunque he tenido mucha suerte en mi vida). Desde el 2006 comprendí que nuestro país son en realidad dos: el que vemos en la tele, de oportunidades y logros, de telenovelas y noticieros falsos, y el otro: el México de la gente común, de la mayoría, en el que la libertad es sólo aparente. La libertad de ser, de decidir, de consumir, de creer, es limitada, aunque te hagan creer que no es así. Ante la injusticia, el caos, el cinismo y la apatía, sólo se puede intentar resistir, unidos, y también cada uno, desde su propia casa, desde su propia persona. En mi caso, se reaviva mi deseo de no dejarme absorber, contagiar, de todo eso...

133 y 134

133 y 134 Él estaba tirado en el pasto, revisando el Twitter en su Mac. Llevaba  una playera Abercrombie, jeans Diesel y tenis Lacoste. Levantó la vista, apenas, y vio pararse enfrente a una chica: morena, pelo negro azulado, rapada del  lado derecho, piercing en el labio, expansiones en ambas orejas, tatuajes en los brazos, el cuello y sabrá dios si debajo de la playera negra. Tecleaba en el celular con una mano mientras con la otra intentaba sacar un cigarro de la cajetilla. Los Marlboro cayeron al piso, cerca de él, y éste se apresuró a levantarlos. -¿Me regalas uno? -Simón, toma. -Gracias. Permíteme- dijo, y sacó su encendedor para prender los dos cigarros. Volvió cada uno a lo suyo. Más tarde, entre la multitud, por obra de la casualidad –o del destino- se volvieron a encontrar. Ella estaba acompañada de sus amigos, él igual. Llevaban pancartas y gritaban. Ella se había anudado la playera por arriba del ombligo, dejando ver otro piercing. Él se preg...