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Mostrando las entradas etiquetadas como consumo

Minimalismo y ropa

A veces, el miedo al vacío representa nuestro interior, y se refleja en todo a nuestro alrededor.  Yo era la persona más acumuladora que te puedas imaginar. Pero tiene una explicación simple: por mucho tiempo tuve muy poco dinero. Y cuando tenía algo de dinero, compraba la mayor cantidad de cosas que podía. No importaba si me gustaban, no importaba si las necesitaba: si estaban baratas, las compraba. Y si alguien desocupaba algo y me lo regalaba, a mí me servía, porque, ya sabes, podía necesitarlo en cualquier momento.  Así, mi casa se empezó a llenar de cosas de todo tipo (después hablaré específicamente de cada tipo de cosas), y uno de estos, era la ropa. Mi pobreza se juntó con el sobrepeso, y la incomodidad que eso me provocaba. Siempre he sido fan de comprar mi ropa de segunda, por lo que compraba lo que veía, y lo que me quedaba (ojo: lo que me quedaba, no lo que me lucía bien).  También me regalaban mucha ropa usada, que yo agradecía con el alma. Al f...

Mi reino por una cocacola?

Las adicciones son algo serio. Sí, involucran fuerza de voluntad y todo, pero cuando se incrustan en lo más profundo del ser la voluntad parece que no es suficiente. Cuando el cuerpo pide algo, la voluntad se vuelve frágil.  El año pasado no teníamos aire acondicionado en mi trabajo, y por las tardes, con un calor de más de 40° el verano era soportable sólo con una cocacola o una pepsi kick diaria, y mi adicción se hizo muy fuerte.  De un tiempo para acá no estoy tomando refrescos, a menos que sea lo único para beber o en ocasiones especiales como fiestas (o el cine, jeje), pero hoy tenía una migraña de esas que me golpean hasta la nuca y el estómago se me revuelve. Tuve que pasar al súper y después de agarrar una barra de pan, me fui directo a los refrigeradores. Busqué una lata de coca de las más pequeñitas, para no sentirme tan culpable, y me fui a la verdura por unas papas. La latita de cocacola me pesó en la conciencia. Tomé unos plátanos y la devolví.  En c...

Minimizando el guardarropa (Simplificando, parte 1)

Hasta hace un par de años, uno de mis muchos miedos era al vacío. Mi casa siempre ha estado llena de cosas. En donde veía un espacio libre, ahí acomodaba algo: un cuadro, un adorno, libros, un electrodoméstico... Acumulaba cosas porque no tener dinero te hace creer que conservarlo todo es algo inteligente, creía que comprar cosas que encontraba a bajo precio también era inteligente, y sin embargo, lo único que hacía era gastar dinero que no tenía en cosas que no necesitaba. Pasaba lo mismo con la ropa: compraba cosas baratas aunque no fueran de mi estilo o no me encantaran. Pero hace un tiempo las cosas han cambiado para mí. Empecé a perderle el gusto a la ropa de colores (el negro siempre ha sido mi color favorito) y a sentirme más cómoda con prendas específicas, y pensé: por qué tengo que esmerarme por aparentar que tengo un gran guardarropa, si siempre parece que uso lo mismo? Mejor uso siempre lo mismo! Y bueno, no uso siempre lo mismo, pero simplificar los colores de mi ropa...

Desodorante casero

No podía quedarme con las ganas de postear sobre mi nuevo producto hecho en casa. Ahora que soy la señora "Bicarbonato y aceite de coco", ando buscando nuevos usos para esos dos productos, que me encantan. Pues encontré un video tutorial para hacer desodorante en barra, y de inmediato me puse a hacerlo. Obviamente no iba a postearlo sin probarlo antes, así que hoy mismo lo puse a prueba. Siempre me pongo desodorante por la mañana, y luego por la tarde, antes de irme al gimnasio. Pues hoy llegué a mediodía, después de estar toda la mañana en la oficina, sin aire acondicionado, a 35° con 47% de humedad, y olía tan bien, que decidí llevarlo al límite, y no "retocarlo" antes de irme al gym. Pues llegué ensopada de sudor, pero mis axilas aguantaron! Estoy fascinada, y les dejo la "receta" por si quieren hacerlo y el video tutorial de donde lo saqué, al final del post. -2 cucharadas de bicarbonato de sodio -3 cucharadas de maizena -1 cdita. de ...

Manchas y maquillaje

Bobeando por una plaza comercial en Monterrey, me abordó un árabe vendedor, que atendía un kiosquito de maquillaje, y me ofreció un delineador de ojos y cejas indeleble, un labial "que huele rico", y un maquillaje para mis manchas. Me mostró el delineador, sacó varios colores de labiales y me hablaba de las maravillas de los productos, y volvía a mencionar "y tengo el maquillaje para tus manchas" una y otra vez. Yo estuve a un pelo de decirle: "Bueno, qué tienes contra mis manchas, déjame en paz con mi cara y véndeme el delineador y el hermoso labial color "Manic Red". Al tipo le pareció que caería, porque, ¿qué mujer no quiere tener un cutis liso, de porcelana? Yo sí, pero no lo tengo. Tengo muchos lunares y pecas desde que era niña. Algunos me dijeron "Pequilia" en la primaria. Mi juventud fue alocada y algo estúpida, y me gustaba ir a la playa y estar todo el día en el rayo del sol, sin bloqueador solar (tenía un color moreno her...

Qué sabrosa CocaCola

Hoy fui a la tienda a comprar tortillas y frijol para desayunar y como siempre, (y a pesar de un oxxo enfrente) la tiendita estaba llena de gente, tres personas antes de mí en la fila, y unas dos tres saliendo cuando entré. ¿Qué tenían todas en común? Una coca cola. Todos llevaban una. Ninguno, obviamente, llevaba una lata, o una de 600 ml, sino grandes, de uno, dos y tres litros. Todos llevaban su cocona para el desayuno familiar. Pero seguro no será sólo para el desayuno. De hecho, a la hora que sea que uno llegue a cualquier tienda, hay alguien comprando una, y a mediodía en las calles de los barrios, lo que se ve frecuentemente son niños (algunos osados, descalzos en el pavimento ardiente) cruzando la calle con una coca de dos litros para la comida. ¿Por qué se toma tanta coca? Porque es rica, helada y dulcísima. ¿Nos hace bien tomar tantos litros de coca? Seguro que no. ¿Nos importa eso? Seguro que no. El placer de la vida no siempre es inocuo, pero vale la pena aceptar las...

Resistir

No soy una activista activa. Estoy ligeramente empapada de lo que ocurre en mi país. No soy lo que se dice una persona que lea los diarios o que esté totalmente atenta al twitter. No me conozco los preceptos de la izquierda, ni tengo la teoría. Pero vivo en México, tengo una familia trabajadora y honrada y me enseñaron a que nada, nada, se consigue gratis (aunque he tenido mucha suerte en mi vida). Desde el 2006 comprendí que nuestro país son en realidad dos: el que vemos en la tele, de oportunidades y logros, de telenovelas y noticieros falsos, y el otro: el México de la gente común, de la mayoría, en el que la libertad es sólo aparente. La libertad de ser, de decidir, de consumir, de creer, es limitada, aunque te hagan creer que no es así. Ante la injusticia, el caos, el cinismo y la apatía, sólo se puede intentar resistir, unidos, y también cada uno, desde su propia casa, desde su propia persona. En mi caso, se reaviva mi deseo de no dejarme absorber, contagiar, de todo eso...

Día mundial sin carne

¿Qué te parece si sólo por este día amas a todos los animales por igual, sin importar si viven en el agua, en la selva, en una granja o en tu casa? ¿Qué te parece, sólo por hoy, amarlos a todos por igual, sin importar si son mascotas o si tienen buen sabor después de muertos y cocinados? ¿Qué tal si, sólo por hoy y para variar, llenas tu plato con otras cosas deliciosas y no financias la industria asesina? Un día al año no te matará de hambre, y tal vez te guste... 20 de Marzo, día mundial sin carne

Animales o comida

¿Quién soy yo, o qué autoridad tengo para decidir qué animales son dignos de ser amados y cuáles deben morir para satisfacer mis antojos? ¿Quién, para ver a unos animales como miembros de la familia, y a otros como objetos, como "recursos naturales" al servicio del ser humano voraz?

Productos para la felicidad

No entiendo cómo podemos No ser felices, si todo está resuelto, o eso pareciera. Tenemos: -Un hongo que cura todas las enfermedades -Unas pastillas que regresan la juventud -Unos tenis que tonifican piernas, glúteos y hasta el pecho -Detergentes que limpian sin tallar -Champús que quitan la caspa y detienen la caída del cabello -Automóviles que provocan la envidia de quien nos ve -Sodas que nos hacen sonreír y convivir en familia -Yogures que protegen a nuestros niños de las fracturas de huesos -Cereales que les brindan todas las vitaminas y minerales que necesitan -Jabones que nos dan belleza y reviven la pasión de pareja -Tónicos que aumentan la potencia sexual -Maquillajes que nos ayudan a parecernos a otras más bonitas -Muñecos que sustituyen a mascotas reales -Aceites de cocina que previenen ataques cardíacos -Políticos que velan nuestro bienestar -Celulares que lo tienen todo -Líquidos limpiadores que hacen de la limpieza una fiesta -Cafés que nos ayudan a v...

Batallo porque quiero

¿Para qué batallar, si todo está al alcance de nuestra mano? ¿Si sólo es necesario estirarla y agarrar del anaquel o refrigerador lo que sea que necesitemos? Por desgracia, la vida que llevamos muchas veces no nos deja tiempo libre: el trabajo, los hijos, la limpieza y por qué no, la recreación. Resolvemos nuestras necesidades básicas con el consumo. Las plazas encierran todo tipo de negocios en donde podemos conseguir cualquier cosa sin necesidad de andar buscando. Todo es rápido, práctico, sin más esfuerzo que el desembolso. Compramos todo hecho, vamos perdiendo la capacidad de elaborar cualquier cosa manualmente, y nos volvemos dependientes. Somos incapaces de hacer una bastilla, pegar un botón, arreglar un arete roto, forrar un libro, envolver un regalo. Nos acostumbramos a pagar para que otros hagan algo que nosotros mismos podríamos hacer con un mínimo de esfuerzo. Comemos cada vez más cosas empaquetadas: jugos, pan, refrescos, verduras, cereales, platillos congelados, etc. y no...