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Mostrando las entradas etiquetadas como resistencia

Día de acción de gracias

En estas fechas hay como una leve picazón con respecto al "Día de acción de gracias", sobre todo por que algunos sienten que es incorrecto festejar algo que simboliza la imposición de una cultura sobre otra, el exterminio de los nativos norteamericanos y la casi desaparición de la verdadera cultura de los Estados Unidos. Algo similar ocurre -o debería ocurrir- con las celebraciones del "Día de la raza", al que han suavizado con la frase "Encuentro de dos mundos", queriendo llamar de forma agradable a una invasión y a la imposición violenta de una cultura "civilizada" sobre una civilización bastante avanzada y rica en tradiciones. La cuestión aquí, desde mi punto de vista, es que las tradiciones cambian con el tiempo, y algunas pierden su carga simbólica y la modifican. Si la gente necesita un pretexto para reunirse en familia y cenar, no encuentro por qué satanizarlo. Lo ideal sería que conocieran y estuvieran conscientes del origen de la ...

Qué sabrosa CocaCola

Hoy fui a la tienda a comprar tortillas y frijol para desayunar y como siempre, (y a pesar de un oxxo enfrente) la tiendita estaba llena de gente, tres personas antes de mí en la fila, y unas dos tres saliendo cuando entré. ¿Qué tenían todas en común? Una coca cola. Todos llevaban una. Ninguno, obviamente, llevaba una lata, o una de 600 ml, sino grandes, de uno, dos y tres litros. Todos llevaban su cocona para el desayuno familiar. Pero seguro no será sólo para el desayuno. De hecho, a la hora que sea que uno llegue a cualquier tienda, hay alguien comprando una, y a mediodía en las calles de los barrios, lo que se ve frecuentemente son niños (algunos osados, descalzos en el pavimento ardiente) cruzando la calle con una coca de dos litros para la comida. ¿Por qué se toma tanta coca? Porque es rica, helada y dulcísima. ¿Nos hace bien tomar tantos litros de coca? Seguro que no. ¿Nos importa eso? Seguro que no. El placer de la vida no siempre es inocuo, pero vale la pena aceptar las...

Resistir

No soy una activista activa. Estoy ligeramente empapada de lo que ocurre en mi país. No soy lo que se dice una persona que lea los diarios o que esté totalmente atenta al twitter. No me conozco los preceptos de la izquierda, ni tengo la teoría. Pero vivo en México, tengo una familia trabajadora y honrada y me enseñaron a que nada, nada, se consigue gratis (aunque he tenido mucha suerte en mi vida). Desde el 2006 comprendí que nuestro país son en realidad dos: el que vemos en la tele, de oportunidades y logros, de telenovelas y noticieros falsos, y el otro: el México de la gente común, de la mayoría, en el que la libertad es sólo aparente. La libertad de ser, de decidir, de consumir, de creer, es limitada, aunque te hagan creer que no es así. Ante la injusticia, el caos, el cinismo y la apatía, sólo se puede intentar resistir, unidos, y también cada uno, desde su propia casa, desde su propia persona. En mi caso, se reaviva mi deseo de no dejarme absorber, contagiar, de todo eso...