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Mostrando las entradas etiquetadas como inédito

133 y 134

133 y 134 Él estaba tirado en el pasto, revisando el Twitter en su Mac. Llevaba  una playera Abercrombie, jeans Diesel y tenis Lacoste. Levantó la vista, apenas, y vio pararse enfrente a una chica: morena, pelo negro azulado, rapada del  lado derecho, piercing en el labio, expansiones en ambas orejas, tatuajes en los brazos, el cuello y sabrá dios si debajo de la playera negra. Tecleaba en el celular con una mano mientras con la otra intentaba sacar un cigarro de la cajetilla. Los Marlboro cayeron al piso, cerca de él, y éste se apresuró a levantarlos. -¿Me regalas uno? -Simón, toma. -Gracias. Permíteme- dijo, y sacó su encendedor para prender los dos cigarros. Volvió cada uno a lo suyo. Más tarde, entre la multitud, por obra de la casualidad –o del destino- se volvieron a encontrar. Ella estaba acompañada de sus amigos, él igual. Llevaban pancartas y gritaban. Ella se había anudado la playera por arriba del ombligo, dejando ver otro piercing. Él se preg...

Transparente

Dalí se vio esa mañana, y pensó que el hecho de verse pálida se debía a la mala noche que había pasado. Cepilló su cabello pero de ninguna manera lograba acomodarlo para llevarlo suelto a la oficina. Una trenza otra vez, pensó, y le pareció un peinado demasiado común para la blusa nueva que pensaba ponerse, así que la guardó en el clóset y escogió una más informal. Cuento esto como si fuera algo inusual, pero en realidad era una escena que se había repetido frecuentemente los últimos meses. De hecho, la blusa, -roja, y algo escotada- la había comprado para usarla el día de San Valentín, y al paso que iba la acabaría estrenando el día de las madres, cuando fueran, como cada año, al restaurante chino. El ingeniero la recibió con la noticia de que en su escritorio le esperaba una computadora nueva, acabadita de desempacar. Habían sido premiados por ser uno de los departamentos con mayor puntuación en eficiencia, y de las tres máquinas que les habían dado, le tocó una, porque la que tenía...

Diario de escritora 1

Estoy reescribiendo una novela. "El fabuloso Ríver", se llama, y me siento muy entusiasmada porque al fin estoy encontrando mi "método" o "sistema". Esta novela la escribí en una taller de dos años con Daniel Sada. Al final, se la pasé a una maestra y amiga para que me diera sus comentarios, y me abrió los ojos: estaba cometiendo el peor pecado que puede cometer un escritor: la inocencia. Estaba llena de lugares comunes, clichés, uno de los personajes principales estaba fuera de la realidad de la historia, demasiado etérea, tanto que molestaba. El caso es que eso fue hace casi un año. Hace dos meses me decidí a rescatar el texto, y al volver a leerlo me dije !wow! ¡me gusta! y es que la verdad hay capítulos que me gustan mucho y que no quiero enviar a la papelera de reciclaje. Pues me puse a hacer algo que no había hecho, y que realmente me está facilitando el trabajo: leí capítulo por capítulo y en cuaderno fui anotando los datos más importantes de cada...