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César Talamantes

Aunque se graduó como economista, César Talamantes se fijó la idea indeleble de ser Director de cine. Para qué perder tiempo, su currículum lo dice todo: Estudios profesionales: Próximo a titularse en la carrera de cinematografía en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM con la tesis fílmica “Olas de Verano”, 2000-2006. Lic. en Economía por la Universidad Autónoma de Baja California Sur, Tesis Profesional: Las Sociedades de Inversión en Instrumentos de Deuda, 1990-1996. Diplomado en Análisis de Textos y Composición Dramática con Hugo Argüelles, Centro Nacional de las Artes. México D. F. 1998-2000. Diplomado Producción de Imágenes en Movimiento, Centro de Estudios Audiovisuales, México D. F. 1997-1998. Premios: Primer Premio en el Festival Internacional de Cine Universitario, Fundación Gabarrón, Valladolid, España, cortometraje “El Pardito”. Nov de 2005. Becario Artistas con Trayectoria, Fondo Estatal para la Cultura y las Artes B. C. Sur, 2006, categoría Guión ...

Recuerdos (del libro Cuando todo esto acabe)

RECUERDOS La memoria es el perro más estúpido. Le avientas un palo y te trae cualquier cosa. Ray Loriga. Tokio ya no nos quiere Estoy sentada frente a la ventana de mi habitación. Desde aquí puedo ver los carros y la gente que pasa por la calle. Cada cosa me recuerda algo. Eso es bueno, creo. Hay dos hombres tratando de arrancar un pick up que se quedó parado justo en medio de la calle. Es una camioneta grande y no quiere encender. Uno de los dos se baja a empujar y el otro se queda adentro, pero no por mucho tiempo, porque uno solo no pudo moverlo ni un centímetro, así que entre los dos tratan de orillarlo, pero no pueden, a pesar de que ambos se ven corpulentos. Recuerdo una vez en el boulevard, en que tú y yo íbamos a ver una película que acababan de estrenar en el cine y de repente, en un semáforo, el carro se apagó y no pudiste prenderlo. Te bajaste y comenzaste a maldecirlo, a tratar de quitarlo de la calle, mientras yo controlaba el volante, pero la calle estaba inclinada y tú n...

vegetarianos

Contaré esto por si a alguien le interesa y le sirve mi experiencia. No están para saberlo pero yo sufro de alergia como consecuencia de haber convivido mucho tiempo con gatos, así que el polvo, los detergentes, el pasto y obviamente los gatos me ocasionan lo clásico en esos casos (estornudos, ojos llorosos, etc.). A raíz de la alergia desarrollé una sinusitis tremenda que hace dos años parecía incontrolable y tuve que seguir un tratamiento de casi dos meses. Cada primavera o temporada de lluvias era un martirio para mí, porque el polén o el polvo me daban en la torre, qué decir de barrer la casa!!! Pues bien. Desde febrero de este año dejé de comer animales, consumiendo sólo sus productos: huevo, miel, lácteos( bueno, prácticamente sólo queso, porque prefiero la leche de soya), y aunque no soy una buena vegetariana porque tomo soda y como porquerías como galletas y papas, la verdad es que se terminaron muchos de mis males, la colitis tremenda entre otros, pero sobre todo la alergia. N...

otro momento para la reflexión

No sería justa ni inteligente si no incluyera en este blog algunas de las citas de mi compañero de trabajo, al que llamamos "Máximo Anastasio", a petición suya. A grande estatura, pequeñas ideas, a pequeña estatura, grandes ideas. Un hombre puede inclinarse y abrocharse las agujetas de los tenis, como alzar la mano y alcanzar las estrellas. El respeto es un derecho ajeno. (citando a Juárez) Tienes el respeto o te vale?

Me puse filosófica

Para una persona que no profesa religión alguna como su servidora, es difícil responder a la pregunta "y entonces en qué crees?. Después de meditar llegué a la conclusión de que creo en algo llamado Conciencia , que se supone que todos tenemos pero que tiene que ser alimentada por una educación con valores (ojo, dije valores y no religión), y un buen ejemplo. Esa voz es la que debería reclamar cuando: - Escuchas la música a todo volumen a la hora que sea, sin importar si son las tres de la mañana un martes. - Manejas ebrio y enfiestado, o peor, ebrio y peleándote con la novia, comentiendo mil faltas al reglamento de tránsito y haciendo que otros pasen un mal rato. - Fumas en lugares públicos, cuando hay niños o embarazadas. - Lijas las llantas de tu carro. - Tiras basura en cualquier lugar que no sea para eso. - Te estacionas en lugares para discapacitados sin tener más discapacidad que la mental.

de circos y otras promesas

Como premio por no haber llorado en la escuela llevé a mi hijo al circo, pagando barato en preventa y luego volviendo a pagar para poder estar enfrentito cuando saliera Poncho de Nigris (jaja!, no es cierto, el supermegagalanazo de frijol sólo estuvo los tres primeros días). El caso es que el circo y todo lo que gira en torno a él me fascina al grado de escribir un cuento y una novela sobre él. La vida rodante y la magia y la posibilidad de volar dentro de la carpa son cosas que sólo puedo imaginar. Sin embargo, los circos con animales no me gustan nada, nadita. Si no me gustan las aves enjauladas y los peces que dan vueltas y vueltas en peceras, menos me gustan seis tigres en una jaula de muy pocos metros. El talento de los artistas, de unos más que de otros, claro, es sorprendente y admirable, pero el explotar a los animales no me parece ético ni humano. Hicieron el clásico acto del muñeco de peluche al que le dan cuerda y resulta que es un perrito dentro de un traje de peluche, en L...
Por fin una buena tarde vi cristalizado uno de mis más grandes deseos en la vida: hacerme rastas, o dreadlocks, como se llaman. Pues bien, después de la frieguita de hacérmelas me vi en el espejo y una lágrima de felicidad rodó por mi mejilla. No sabía que mi vida cambiaría sólo por un peinado, pero así fue. Fui con mi marido e hijo a la plaza, a ese templo consumista al que uno tiene que ir para poder ir al cine y divertir a los niños sin pasar calores, y no pude evitar sentirme extraña. De por sí, evito acudir a ese lugar a menos que esté muy, muy aburrida. El caso fue que la gente me veía como si tuviera lepra, como si les diera miedo que me diera un ataque o peor aún, como si me fuera a acercar a venderles algo. En fin. Me acostumbraré.