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Invisibles

Hoy vimos Invisibles, una película producida por Javier Bardem en 2007. Se trata de 5 documentales dirigidos por 5 directores. Dos de ellos tratan sobre enfermedades que parecen no importarle a nadie porque la mayoría de los enfermos son gente pobre de países que no figuran en las pelis ni en los comerciales: la enfermedad de Chagas (que se transmite por una chinche), es retratada en Cartas a Nora, de Isabel Coixet, y la enfermedad del sueño (que transmite la mosca tsé tsé), en El sueño de Bianca, de Mariano Barroso. Fernando León de Arano deja que sean algunos de los niños que han sido secuestrados para militar con los rebeldes de Uganda, quienes platiquen sus propias pesadillas en Buenas noches, Ouma. Javier Corcuera muestra las secuelas de la violencia en Colombia, en La voz de las piedras. Wim Wenders habla de los abusos sexuales a las mujeres de la República Democrática del Congo.

Este es uno de esos documentales que no se pueden olvidar. De esos que al terminar de verlos sientes un vacío en el alma. Que duelen. Que dan rabia y a la vez una tristeza profunda. No se puede ser el mismo después de ver algo así.
Es cuando me digo que vivimos en la gloria, que realmente somos benditos de tener un hogar, una familia, comida para darle a nuestros hijos. Que nuestros niños viven felices, que tienen la posibilidad de crecer y ser adultos felices. ¡Somos tan afortunados! Aún con problemas, tenemos lo básico y aún viviendo al día, no nos falta nada vital. Pero no todos nacimos en la misma situación. Basta con irnos a la periferia de nuestra ciudad para ver que hay mucha, muchísima gente que lo pasa muy mal, que carece de lo elemental: alimentos, educación, salud.
Hay millones de invisibles sobre la tierra. Millones que no existen porque no los vemos. Porque nunca saldrán en las noticias, ni en la Vanidades. Porque no son la cara amable del ser humano, porque a nadie le gusta conocer lo que realmente sucede en el mundo. Porque los problemas del mundo están relacionados entre sí, aunque a muchos les parezca delirio de complot.
Creemos que porque no viven junto a nosotros no merece la pena preocuparnos por los problemas de los otros. ¿Acaso no somos todos iguales? ¿Acaso hay niños que valen más que otros? ¿Acaso la felicidad es un privilegio de ciertas razas, de ciertos países?
Sé que ver un documental y sentir pena no solucionará los problemas del mundo, ni ayudará a nadie. Pero abrir los ojos siempre será bueno. Sentir esa agujita en el pecho me hace valorar cada día, cada sonrisa, cada comida y cada abrazo. Esa pequeña herida es la que me alienta a tratar de hacer cosas, aunque sean insignificantes, por alguien más. No se puede cambiar al mundo pero creo que se puede empezar por cambiar la manera de pensar de uno mismo.
No sé, me gusta creer que algún día todos tendremos paz.

Este es el tráiler de la película. Si tienes posibilidad de verla, hazlo. Puedes bajarla en el Ares.

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